Estoy contrariada, asustada, con ganas de quitármelo de encima, pero a la vez, con ansias de sentirlo más cerca de mí. Acompaño sus besos, acompaño sus caricias y a partir de este momento, aquellos dos viejos que hablaban de fútbol, los dos camareros entrados en años, José Luis, la caja con mi tanga y todo aquello que no tenga que ver con las sensaciones que estoy viviendo en este momento, pasan a dejar de existir.
Mordisqueo su boca carnosa, como una perra en celo con ganas de morder todo lo que encuentra, clavo mis uñas en sus brazos, en su espalda, atrapo su lengua entre mis labios, mientras él, juguetea con todo lo que encuentra entre su boca y mi ser, me coge con fuerza y ternura del cuello, lo muerde, lo acaricia con la lengua, eriza todos los poros de mi piel, noto una corriente en la espalda, es como si fuera mi primera vez, huelo su cuello, una mezcla de colonia, tabaco y mi propia saliva. No puedo más, parezco una niña temblorosa, la situación me desconcierta y excita a la vez, no lo conozco de nada, no he oído su voz, pero siento su aliento y pruebo lentamente, el sabor de su piel.
Todo pasa muy rápido, me agarra de la mano con fuerza, abandono el bolso, el abrigo, solo me apetece seguirle, noto como mi cuerpo deja caer con suavidad un líquido que me recorre desde el sexo hasta el interior de los muslos, andamos de prisa… el pasillo hasta el cuarto de baño se hace eterno.
Cierra la puerta y me rodea con sus brazos, me besa en la boca como el sediento que no tiene agua, no puedo evitar bajar mi mano hasta su entrepierna, dura y salvaje, se aferra a mis uñas, aprieto su sexo como si fuera el único pilar que puede evitar la caída. Me arrastra hasta sentarme encima de la cisterna del baño, noto el frío de la porcelana en mi piel, abro las piernas apoyando mis pies en el quicio de la puerta para ver como me mira, notar su deseo, sentir su respiración entrecortada.
Sus besos recorren mi cuello, me arranca la camisa, acaricia mis pechos con su lengua, hace círculos con mis pezones, tengo frío y a la vez calor, toda la piel de gallina, las piernas en tensión y no puedo soportar el deseo de ser penetrada, con furia, salvajemente, sentir como golpea mi sexo al ritmo que yo marco.
Pero él se sienta, mi coño queda a una altura más baja que su cara, mis piernas siguen apoyadas en alto, con los pies en el quicio de la puerta, levanta mi falda, estoy totalmente indefensa, agarra mis muslos, tira fuerte de mí, ya no noto la porcelana, estoy prácticamente sentada en sus hombros, apoya sus manos en mi culo sujetándome con fuerza, me lanza la última mirada, ya no veo su boca, solo la siento.
Noto como su lengua acaricia mi clítoris, mi flujo se entremezcla con su saliva, mis labios más íntimos se abrazan con los suyos, con ternura, con pasión, siento una calidez extrema en mi entrepierna, alternada con fuertes latigazos que parecen salir del fondo de mis entrañas, mis piernas tiemblan, mis manos se aferran con furia a su cabeza, no puedo más, me voy a correr.
En ese instante, aleja su boca de mi sexo, me mira, noto como los pulmones me van a estallar, mi pecho acelerado, los pezones duros, mi cuerpo de repente, se pone en tensión, él se levanta mientras yo, sentada otra vez en la cisterna de porcelana húmeda, tiro de su jersey para acercar sus labios a mi boca, los muerdo, los lamo, disfruto del sabor agridulce de mi propio sexo pegado en su piel.
Arranco los botones de su pantalón vaquero, parece que la polla le va a estallar, tampoco lleva ropa interior y eso me excita todavía más, beso su glande, lo mordisqueo con cuidado, bebo su líquido pre seminal, con mi mano izquierda, le cojo los huevos, se los arrancaría si pudiera, con la derecha, acompaño el movimiento de mi boca, noto la dureza de su erección, las venas regadas por la sangre que bombea su corazón acelerado, él gime entrecortadamente, mientras separa mi pelo para ver la imagen, no quiero que se corra, quiero que aguante.
Paso mi lengua desde los testículos hasta su segunda cabeza, lamo su ombligo, muerdo su pecho, su cuello, hasta llegar otra vez a esos labios carnosos que tanto deseo, me rodea fuertemente con sus brazos, ya no tiene puesto el jersey, mientras acaricio su pelo, dirijo su sexo hacia el mío, me agarra del culo, me levanta, me apoya entre la puerta y la pared y yo, lentamente, paso a dejarme caer impregnando su vientre de toda la humedad que emana mi interior. Entra suavemente, puedo notar como se abre paso dentro de mí, con cariño, con dulzura, rodeo su cuerpo con mis brazos, con mis piernas y lentamente, empiezo a subir y bajar ese músculo, que ahora, dentro de mi, nos convierte en un único ser que no entiende de espacio ni de tiempo.
Oigo su respiración, él oye la mía, la boca pegada al oído, el ritmo crece y los gemidos, se van haciendo cada vez más difíciles de ocultar, nuestros músculos se endurecen, y el vaivén de nuestros cuerpos, o debería decir, nuestro cuerpo, es cada vez más violento, más salvaje.
Gritamos casi a la vez, arrancándonos mechones de pelo, la calma se apodera de todo, nuestros cuerpos se relajan, solo siento las respiraciones entrecortadas, el sudor pegado a nuestros cuerpos, su semen correteando dentro de mí. Ninguno de los dos quiere romper este instante, pero poco a poco, sonidos de fuera que no pertenecen a nuestro mundo, empiezan a invadir el entorno. Paulatinamente, recupero la realidad de las cosas, una realidad que significa el fin de la magia, del placer, de la pasión.
No vestimos como autómatas recién levantados de un profundo sueño, salimos al salón de la cafetería, un camarero nos mira, sabe lo que ha pasado pero parece no importarle, pido la cuenta, el pide la suya, me deja salir primero de la cafetería y delante de la puerta, me besa con ternura al tiempo que me dice al oído:
- Eres maravillosa.
Fueron las primeras y últimas palabras que salieron de su boca, cada uno cogió una dirección distinta y a los pocos metros, me giré para verle marchar, ya no estaba allí, la multitud que abarrota el centro de la ciudad se lo tragó sin dejar ni rastro.
De regreso a casa, ya en el coche, recibo una llamada de José Luis contándome una historia sobre el por qué no había podido acudir a la cita, no me interesa, lo único que quiero en estos momentos es, recuperar mi tanga favorito.
Espero que hayas disfrutado leyéndolo.
Besos.
Autor: Jazzman
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